jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Habremos forzado nosotros el destino?

Cuando las cosas se hacen a las apuradas algo se te puede escapar y lo que sucedió el domingo con el malogrado Guido Falaschi es prueba de ello. En la previa quedó la sensación de que la carrera estaba maldita o que estábamos forzando el destino.

“La señora de la guadaña anda por caminos de rosas rojas que sangran eternamente dijo Alfredo Parga una vez. Y no se si el gen de esa fatalidad fue la rotura del motor del auto de Gastón Mazzacane antes del ingreso del puente la que plantó la semilla de esa rosa. Porque a mi modo de ver, ese fue el prólogo de la tragedia, cinco vueltas antes de la fatídica vuelta 24”. Daniel Erreguerena.

Hubo conferencia de prensa en la sede de la ACTC. Allí el pope del TC Oscar Aventín disertó junto con el ingeniero Alejandro Solga y el médico Rodolfo Balinotti donde dieron su versión de lo que sucedió en el autódromo Juan Manuel Fangio de nuestra ciudad. Entre los temas que el “puma” habló, volvió a confirmar la fecha de Balcarce para el año próximo
Seamos sinceros, desde ya que se tendría que correr el año que viene, pero sin que el Turismo Carretera haya corrido este año en el autódromo de la sierra La Barrosa.
Usted dirá, “este habla cuando ya pasó todo, con el diario del lunes en la mano”. No señor mío, para nada. He seguido las obras del autódromo desde el primer día que se lo desafectó cuando comenzaron las obras. Soy consciente del trabajo que ha realizado desde el primer albañil hasta el empleado que pintó las gomas en cada cabecera del circuito.
¿Pero sabe que pasa? Apenas se supo que se terminó de reasfaltar el circuito y la obra de desagüe se comenzó a especular que quizás Balcarce no pierda la carrera. Con dos fechas sin confirmar a mitad de calendario se especuló que “El Fangio” tendría una competencia este año, cosa que días más tarde se oficializó.
A partir de allí empezó la carrera contra el tiempo. Se aceleraron los trabajos para acomodar el circuito para el viernes 11. Se trabajó en las instalaciones eléctricas, cortado de pasto, acomodar la chicana, pintar los pianitos, los guardrails, remover la tierra del ingreso de Boxes y el playón de estacionamiento, reacomodar la calles del predio, también la creación de una calle interna que va a la par de la recta principal y que conduce a la chicana, junto con un muro perimetral de hormigón, entre otras cosas.
Se sabe, cuando las cosas se hacen a las apuradas algo se te puede escapar y lo que sucedió el domingo con el malogrado Guido Falaschi es prueba de ello. Aunque en la previa quedó la sensación de que la carrera estaba maldita o que estábamos (y me incluyo) forzando el destino por lo que conté hace unas líneas atrás.
En la semana previa se mostró una foto de la curva uno en la que allí se había levantado un “huevo” sobre el asfalto producto de los dos días de lluvia. Luego en los entrenamientos del viernes Agustín Canapino se queda sin frenos y sale catapultado, literalmente, por los aires en la curva uno en la que por fortuna el arrecifeño salió sin lesiones de consideración. El domingo en la serie se corrieron con tranquilidad, con las sanciones y penalizaciones del caso con toques indebidos y porque dos pilotos no hicieron la chicana, como fue el caso de Juan Bautista De Benedictis y Maxi Juan.
¿Me sigue? Le sigo contando porque aquí quería llegar. En la final el auto de seguridad entró por lo menos en 4 o cinco ocasiones por el despiste de Laureano Campanera a la altura de la chicana, algo que bien podrían haber retirado en el transcurso de una vuelta y no dos como sucedió. Más tarde Ciantini se queda sin frenos apenas sale de Boxes e impacta de lleno contra el montículo externo de la curva uno, aunque en comparación con el de Canapino fue leve ya que la Dodge del Bocha no había desarrollado una velocidad final considerable.
La señora de la guadaña anda por caminos de rosas rojas que sangran eternamente dijo Alfredo Parga una vez. Y no se si el gen de esa fatalidad fue la rotura del motor del auto de Gastón Mazzacane antes del ingreso del puente la que plantó la semilla de esa rosa. Porque a mi modo de ver, ese fue el prólogo de la tragedia, cinco vueltas antes de la fatídica vuelta 24.
Leonel Larrauri cede el paso durante el ingreso de la S del puente. En la vorágine en la lucha por la punta Mauro Giallombardo supera a Larrauri. Guido Falaschi lo empareja pero al piloto de la Dodge se le va de cola el auto, en la inercia pega con el Ford verde amarillo que lo catapulta contra los neumáticos de contención. Guillermo Ortelli se encuentra con Falaschi, lo choca y producto de ello lo manda al medio de la pista en la que Christian Ledesma y Jonathan Castellano logran esquivarlo. No así Néstor Girolami que embiste a Guido lateralmente a 180 Km/h desencadenando el triste resultado que todos lamentamos y lloramos.
Con la muerte de Guido Falaschi muchos hemos leídos comentarios de que el “Fangio” es peligroso, que las gomas no estaban enzunchadas, que no podían estar cubiertas con una red, que no se tendría que haber levantado una nube de polvo, que tendría que haber una leca allí, que la curva de la salida del puente está más peraltada, que el Pace Car tendría que haber ingresado antes porque Emanuel Moriatis chocó en la chicana, que se tendrían que haber reemplazado los neumáticos por un paredón perimetral y otros tantos etcéteras.  
Seamos realistas, hubo grandes tragedias en el TC y la dirigencia volvió a volver a correr en esos escenarios al año siguiente. Repasemos algunos casos: en 1992 se mata Roberto Mouras en Lobos y la dirigencia vuelve a correr en ese circuito rutero al año siguiente; Raúl Petrich muere accidentado en Rafaela y la categoría retorna un par de años más tarde; lo mismo sucede con Guillermo Castellanos en Comodoro Rivadavia en 2007; Octavio Suárez muere en Tandil en 1984 y el Turismo Carretera vuelve a transitar al año siguiente por la curva del gallo aunque con más cautela.
Insisto, nos hubiese gustado recibir el OK de la dirigencia de la ACTC cuando todas las obras que pidieron estuvieran terminadas en su totalidad, y no con un ochenta por ciento realizadas. Quizás la historia hubiese sido otra, quizás eso hubiera evitado que Víctor y Graciela Falaschi lloren a su hijo muerto, y quizás Guido no integraría la larga lista de 57 corredores fallecidos que duele y nos lastima. Pregunto, inconscientemente ¿habremos forzado el destino?...

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